Señor universal y Juez supremo

Reflexión del Santo Evangelio, según San Lucas 21,5-19.

(Por: R.P. Carlos Olmos ).- El evangelio de hoy dirige nuestra mirada hacia el capítulo final de la historia humana; en este texto, Jesús orienta a sus discípulos para que sepan actuar en el tiempo presente, teniendo como telón de fondo su segunda venida como Señor universal y Juez supremo.

Estas referencias sobre el final de la historia humana, expresadas en un género literario llamado “apocalíptico”, nos hacen pensar sobre la manera como los seres humanos afrontamos nuestra condición temporal; la existencia humana transcurre entre un pasado archivado en el consciente o en el inconsciente, un presente fugaz y un futuro que, al mismo tiempo, nos atrae y nos asusta. Detengámonos a reflexionar sobre el significado de estos tres componentes de nuestra temporalidad.

El pasado -. Aunque los hechos vividos pueden ir desapareciendo de la memoria con el paso de los años, sin embargo el pasado sigue marcando nuestra historia personal y las consecuencias de lo que hicimos nos siguen acompañando.

El presente -. En él actuamos. Lo vamos modelando a través de las decisiones que tomamos cada día. Siendo lo más real y concreto, el presente es terriblemente volátil; cuando creemos aferrarlo ya se nos fue de las manos y se convirtió en pasado.

El futuro -. Es el motor de la aventura humana; está frente a nosotros oculto, provocador, lleno de interrogantes.
En el evangelio de hoy Jesús se pronuncia con vehemencia contra aquellos que pretenden conocer el futuro: “¡Cuidado con dejarse engañar! Porque muchos se presentarán usurpando mi nombre, y diciendo que son el Mesías y que el último plazo está cumplido. No se vayan detrás de ellos”. Ningún ser humano tiene la capacidad de avizorar el futuro. Por lo tanto, son unos estafadores quienes pretenden comunicarnos lo que el futuro nos depara relacionando nuestra vida con la ubicación de los planetas el día de nuestro nacimiento; son unos estafadores los que ofrecen seguridades mediante la adquisición de amuletos y bebedizos.

Nuestro futuro está en las manos de Dios, Padre amoroso que desea lo mejor para sus hijos. Vivamos las naturales incertidumbres de la vida dentro de una paz interior que se alimenta de la confianza en Aquel que nunca nos defraudará. Comencemos el nuevo día con alegría sintiéndonos colaboradores en la obra creadora de Dios.

La fe en Dios nos ayuda a vivir de una manera especial nuestra condición temporal. Nuestro pasado, asumido en la fe, favorece sentimientos de aceptación y reconciliación; nuestro presente, vivido en la presencia de Dios, implica el compromiso con la construcción de una sociedad más incluyente; nuestro futuro, alimentado por la esperanza cristiana, nos impulsa a hacer viva y operante la civilización del amor.

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