El mensaje de los Reyes Magos

El mensaje de los Reyes Magos

(Por: Dr. José Esquivel Grados)  El nacimiento de Jesús en Belén está íntimamente asociado a la hazaña de los Reyes Magos, aquellos personajes misteriosos de aspectos disímiles que vinieron del Oriente a adorar al Salvador y que a su regreso se fueron por otra ruta para no poner en riesgo la vida del Niño Dios, contraviniendo así las recomendaciones malintencionadas del rey Herodes.

Todos ellos, más su gestos, representan un mensaje imperecedero para los hombres de la Tierra. Simbolizan a todos los seres humanos, sin considerar razas, nacionalidades, ni estatus, quienes buscan incansablemente a Dios, siguiendo sus señales; como los monarcas que vinieron de tan lejos siguiendo la luz de la estrella, el signo de la providencia, y cuando encontraron al Mesías, luz eterna de la humanidad, le ofrecieron con suprema emoción todo cuanto poseyeron.

Ocurre que los Reyes, por venir al encuentro del Salvador, se despojaron de sus investiduras y se convirtieron en simples peregrinos, dejaron atrás su familia, su Patria, sus comodidades. Siguieron, a pesar de las dificultades, la larga y penosa ruta hasta la lejana Belén de Judea; lo que significa para este tiempo que el hecho de seguir a Dios implica un verdadero sacrificio, que deja de serlo cuando se trata del Todopoderoso.

Ellos, que no eran judíos como José y María, tuvieron fe en Dios; creyeron en Él sin ambages aunque no lo veían ni comprendían a cabalidad. Quizá al arribar a su destino imaginaron encontrar a Dios en un palacio, rodeado de todo tipo de riquezas, pero no fue así; lo encontraron hecho Niño como hijo de campesinos pastores recién venido al mundo en un rústico pesebre aldeano, y conmovidos lo adoraron. Pero como estos monarcas eran muy generosos, le ofrecieron considerables regalos: oro, incienso y mirra.

El oro, porque es el metal precioso de los reyes, y el Niño Jesús vino de parte de Dios como el Rey del Universo, trayendo el mensaje de paz, amor y justicia para todos. El incienso, insumo sagrado que se le ofrece a Dios, pues Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre; y, la mirra, una sustancia que se untaba sólo a los hombres escogidos.

Todo esto es motivo de honda reflexión en torno a  los regalos que debemos ofrecer a Dios, y saber reconocer que lo más trascendente no es el regalo en sí, sino el hecho de saber ofrecerlo a Dios, por medio de los demás, del prójimo.
En este tiempo, y por siempre, es un deber de todos buscar a Dios y ofrecerle con júbilo lo que se tiene, considerando la lección de los Reyes de Oriente, quienes sintieron una inmensa alegría al encontrarse con el Niño Jesús, y con su erudición soberana reconocieron el amor del Padre Eterno por la humanidad cuando lleno de misericordia le ofreció a su Unigénito.

 

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