1º y 2º Libro de Reyes

1º y 2º Libro de Reyes

Conociendo la Sagrada Escritura (IV).-  1. Generalidades.  Estos libros nos relatan cuatro siglos de la historia de Israel, en la que actúan reyes y profetas; desde el final de David (970 a.C.), cuando el pueblo era un glorioso reino, hasta la destrucción y el destierro (587 a.C.), el momento más trágico de su historia. 

Se escribió para aquellos creyentes que, después del 587, se preguntaban: ¿Por qué Dios permitió que el pueblo pierda la Tierra?¿Por qué no protegió a Jerusalén y al Templo de la ruina?

Inicialmente fue un solo libro, pero se dividió en dos por razones prácticas. Los autores son, tal vez, escribas de Jerusalén, pero el último redactor sería posterior al año 561.
Su mensaje es religioso, porque reflexiona teológicamente sobre los hechos de la historia.

2. Estructura.

La obra se puede dividir en tres secciones:
a. Éxitos y fracasos de Salomón (1 Re 1-11). Esta parte inicia con la sucesión de David, sigue el contraste: del esplendor del nuevo rey y sus fracasos con castigo de sus pecados. El centro de lo primero es la construcción del Templo, en torno al cual se dan varias informaciones del rey: su sabiduría, su política interior y exterior, sus construcciones, y su comercio. En lo segundo, se presenta lo negativo: la cantidad de mujeres que en su vejez le arrastraron a la idolatría, la rebelión de Edom y Damasco, y la opresión a sus súbditos.

b. División del reino y caída del Norte (1 Re 12 – 2 Re 17). Roboán es reconocido por Judá, pero debe ser reconocido por las tribus del Centro y del Norte. Siguiendo el consejo de los jóvenes, no oyó el pedido de las tribus y endureció el yugo de su padre Salomón. El resultado fue la división: Norte (Israel) y Sur (Judá, capital Jerusalén).

Después encontramos los ciclos de Elías y Eliseo, la actividad de los profetas Amós y Oseas, las intervenciones de Asiria con destrucción Israel, el juicio negativo del autor y el origen de los samaritanos.

c. El final de Judá (2 Re 18-25). Judá siguió en pie durante un siglo más. Aquí tenemos cuatro relatos: 1) El rey Ezequías, destacado por su confianza en Dios y su reforma religiosa (cf. Is 36-39. 2). Los reyes impíos, Manasés y Amón, con ellos se pone de manifiesto que el pueblo necesita un fin y un nuevo comienzo. 3) Josías es el último gran rey. Sus intenciones fueron buenas pero ya era tarde, aunque de él queda el movimiento deuteronomista, que ayudó a Israel a pasar la prueba del destierro sin perder su identidad ni su fe. 4) La ruina de Jerusalén. Al no prosperar la reforma de Josías, la decadencia continuó. Jerusalén es sitiada, el templo incendiado y sus habitantes desterrados. La construcción y destrucción del Templo prácticamente son el marco de 1 y 2 de Reyes.

3. Teología. 1 y 2 de Reyes dan una visión religiosa de la historia, explicitada en las intervenciones de los profetas. La experiencia de un reino político – religioso fracasó. El pueblo no fue fiel a la Alianza, pero siempre hay un “pequeño resto” fiel. Reyes invita a la conversión porque Dios es siempre fiel a su Alianza y a sus promesas; él suscitará a David un heredero cuyo trono durará para siempre.

Hoy personas de toda raza integran el Reino de Cristo; su Iglesia es heredera del “resto fiel”. El verdadero culto, no está ligado a un lugar, sino a la persona de Cristo resucitado.
Únete a un estudio más profundo de la Sagrada Escritura cada miércoles de 7 a 8:30 p.m. en la Iglesia de Santo Domingo. On-line: viernes de 7:30 a 9:00 p.m. en veritasrtv.org. (Fr. Luis Galindo OP)

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